sábado, 3 de julio de 2010

No le pasó al amigo de un amigo

Hola, mi nombre es Pier. Y lo que vengo a contar hoy no le ha pasado al amigo de un amigo, mucho menos a un muchacho que es compañero de una vecina, que usa rulos, que vive en aquella calle que esta justo en frente del callejón prohibido. Ese donde roban y dicen que hay ratones del tamaño de cerdos, y que huele tan mal: que las ratas (las mas viejas) han aprendido a taparse la nariz.

Esta es una historia verdadera, le sucedió a alguien muy cercano a mi... Si señor, tan cercano que lo conozco muy bien. Es hijo de mi madre con mi padre, hermano de mi hermana, la menor. En total somos 4 en mi familia. Somos unidos a veces, y cada uno tiene un talento especial... Es que una familia tan pequeña se enfoca en pequeñas cosas, y es que las pequeñas cosas cuando se hacen bien brindan inmensa felicidad.

Mi hermana, o como le dicen todos vangeli -por su voz angelical-, tiene el don de cantar como las sirenas. Como aquellas que en la mitología griega por medio de su hermosa voz eran capaces de doblegar a cualquier navegante, que se atreviera a oírlas, hasta el punto de llevarlos a su perdición; El hecho es que mi hermana no es así de mala, aunque he visto llorar a muchos, de alegría, al escucharla cantando las estrofas del himno del pueblo.

Mi madre tiene el don de la cocina y la sazón. No hay persona en todo el pueblo que no se chupe los dedos luego de haber comido algún plato preparado por mi madre. Literalmente vi a un hombre comerse un dedo después de tomarse un jugo de tamarindo que mi madre preparó. Y si me preguntas por que se comió el dedo, pues la respuesta es clara: Usó el mismo dedo para revolver el jugo. Y no miento, Aunque mi don no es el de la honestidad. Pero no hablemos de mi aún.

Se podría decir que mi padre es un inventor. Máquinas, sillas, mesas, artículos para cacería, trampas, casas, autos... de todo ha hecho con madera y materiales que recoge de aqui y allá. Eso si nunca recoge nada de aquel callejón hediondo. Hizo una vez un colchón para corregir la postura de un amigo suyo -Leon-, fue tan bueno y comodo ese colchón, que aquél amigo nunca más quiso salir de esa cama... Y hoy se le conoce como el Cama-Leon.

El problema es que mi madre no tiene tiempo para su familia porque todos en el pueblo quieren comer de lo que prepara siempre. Mi padre tiene un proyecto más importante que el anterior, cada vez, y le quita mucho tiempo como para estar en casa con su familia... Y mi hermana, la hermosa enana, es fastidiosa y creída pues "Canta mejor que todos".

Mi don es más mágico, menos creíble. Algo irracional, no le encuentro explicación... Nadie sabe aún, así que no salgas por ahí contandole a todos.

Cierto día cansado de hacer nada, cansado de no ser reconocido por mi voz, o tal vez mis destrezas en la cocina o quizas mi imaginación para inventar cosas... Decidí salir en busca de algo que me hiciera especial también (si, me di cuenta que era envidioso). Probé bailando, pero no. Intenté la costura, amaestramiento de animales, comunicación con aves cantoras incluso intenté enseñar gatos a nadar... Nada resultó.

Fue así, en casa, desilusionado y con envidia de los mios... Tomé una hoja de papel y un carbon que hallé en el suelo. Y al plasmar mis sentimientos en ese papel, el resultado fue lluvioso, con rayos y centellas... Mucha agua y no se sabía si era de noche o de día. El dibujo fue bastante bueno, pero eso no me llamó la atención. Al día siguiente, cayó un aguacero tan fuerte que las gotas de agua al caer al suelo hacían un agujero de 2 centímetros de profundidad. Eso si llamó mi atención, así que pensé: será posible que mis dibujos se hagan realidad?

Dibuje entonces a mi familia, sin sus dones. Pensé que tal vez así todos estaríamos mas tiempo juntos y yo sería mejor hijo. No sería el flojo. Yo me dibuje con lo normal buena imaginación, aptitudes artísticas básicas (baile, canto, música, artes plásticas), buena forma física y buen cocinero. Al principio estaba feliz, pero luego la familia no era igual...

No era familia... Habían discusiones y extrañaba a mi hermana la fastidiosa, o mi padre sin tiempo que tenía la respuesta correcta a mis preguntas, aquel que tenía los mejores consejos para su familia. O tal vez la madré que de noche me daba a probar sus nuevas recetas, la madre que me me decía "Te quiero tanto que me duele no poder estar contigo por mi trabajo".

Y allí estaba yo, com mis dones pero vacío... no era feliz. Menos mal, esta vez era fácil volver todo a la normalidad... Solo necesitaba dibujar todo como era antes... Y así lo hice.

Aprendí de esto que no hay que moldear las personas a tu manera. Hay que aceptarlas con sus defectos y cualidades. Por que son esas pequeñas imperfecciones y virtudes las que hacen única a una persona. Son esas pequeñas cosas las que engrandecen la vida.

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